Cra. Pdta. Rosario Murillo.
Sus manos.
Querida Presidenta Rosario Murillo:
Al mirar el camino recorrido por nuestra Nicaragua, vienen a mi corazón aquellas palabras del salmista: «Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Salmo 126,5). Nuestra patria conoció tiempos de guerra, profundas heridas y años de grandes dificultades, que dejaron a tantas familias en condiciones de pobreza y necesidad.
Pero la historia no se detuvo en aquellas lágrimas. Con el Gobierno sandinista, bajo el liderazgo de nuestros copresidentes, el Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo, comenzó una nueva etapa de trabajo y reconstrucción nacional, levantando poco a poco un país que arrastraba enormes necesidades.
Con recursos limitados, grandes desafíos y mucho esfuerzo, se ha trabajado con las uñas para impulsar el desarrollo, ampliar oportunidades y construir una Nicaragua que pueda mirar hacia el futuro con esperanza. Por eso, cuando hablamos de cosecha, hablamos también del trabajo realizado durante esta etapa, de los esfuerzos que han dado sus frutos y de todo lo que todavía queda por construir.
Hoy es tiempo de cosechar, de regocijarnos y de dar gracias a Dios por lo alcanzado; pero también es tiempo de custodiar esos frutos, resguardar la paz y continuar sembrando para el futuro. Porque una patria no se levanta de un día para otro: se construye con perseverancia, sacrificio y voluntad de seguir adelante. Que nunca olvidemos de dónde venimos, que sepamos valorar el camino recorrido y que, con la ayuda de Dios, sigamos trabajando para que las nuevas generaciones reciban una Nicaragua con más bienestar, dignidad y esperanza.
Compañera Rosario, son muchos los nicaragüenses que la admiramos como mujer de fe, mujer de palabra, mujer poeta, madre que conoce el dolor, mujer de escucha y de caridad, mujer de visión y de esperanza. Admiramos su sensibilidad para hablar de los humildes, su manera de expresar los sentimientos de nuestro pueblo y su compromiso con una Nicaragua que, a pesar de las heridas de su historia, sigue buscando caminos para salir adelante.
Nos llena de esperanza escuchar en sus palabras esa insistencia en la unidad, la concordia, el trabajo y la paz como caminos para construir el porvenir. Son propósitos que nos comprometen a todos. La paz es un don de Dios, pero también una responsabilidad humana: se edifica cada día con respeto, diálogo, reconciliación y solidaridad. Por eso, además de agradecer lo alcanzado, estamos llamados a resguardar lo que tanto necesita nuestro pueblo y a procurar que ninguna familia quede olvidada.
Creo firmemente que vamos adelante con Dios, con su ayuda y con su gracia. El Señor escucha el clamor de los pueblos que han sufrido y acompaña a quienes trabajan por la dignidad humana y el bien común.
Reciba siempre mi afecto filial, mi respeto y mi oración. Pido a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de la Purísima Concepción, tan amada por nuestro pueblo, que la cubra con su manto, acompañe al Comandante Daniel y bendiga a toda su familia.
Que, al mirar los surcos de nuestra historia, no olvidemos las lágrimas de nuestro pueblo, aprendamos de las heridas del pasado y valoremos el trabajo que hoy nos permite recoger nuevos y buenos frutos. Que Dios nos conceda la gracia de seguir sembrando con amor a nuestra patria, de custodiar la paz y de trabajar unidos para que esta cosecha siga dando frutos de bienestar, dignidad y esperanza para las nuevas generaciones de Nicaragua.
Con mi cariño, mi respeto y mis oraciones de siempre, se despide de usted,
Yáder José Salmerón Silva.
Siempre al Frente y más allá.
Fotos: Referencia